Café del alma: Un blog sobre las enseñanzas
compiladas del Yo Superior

Una creencia que causa Hipertensión

La hipertensión está relacionada con años de autoexigencia, búsqueda de aprobación, responsabilidades excesivas y una forma de vida llevada al 300 %. La sanación comienza cuando la persona deja de confundir responsabilidad con sacrificio.

Los temas relacionados con el sistema sanguíneo aparecen con frecuencia en las preguntas que mis clientes suelen hacerle a su propio Yo Superior. Tensión arterial alta o baja, arritmias, soplos cardíacos, taponamiento de las arterias. Aunque cada uno de estos síntomas merece, y tendrá, su propio espacio en este blog, la intención de esta publicación es ofrecer una primera capa sobre la presión arterial, compartiendo las “perlas de conocimiento” que diversos Yo Superiores les han entregado a varios de mis clientes, sesión tras sesión, y que compilo aquí en forma de una colcha de retazos.

La hipertensión es uno de los temas cardíacos más frecuentes sobre los que me consultan mis clientes. Al indagar con el Yo Superior sobre sus causas, a pesar de los componentes únicos de cada sesión, la respuesta común ha sido que su origen aparece cuando el o la consultante ha normalizado patrones repetitivos de exigencia y presión continua y excesiva.

No se trata únicamente de estrés común, sino también de autoexigencia, necesidad de demostrar excelencia para obtener aprobación o validación, exceso de responsabilidades reales o percibidas, o de vivir la vida cotidiana desde el “deber ser” que imponen otros durante periodos prolongados.

Un ejemplo fue Mónica*, quien llegó a la sesión con una pregunta concreta:

“Tengo la tensión arterial alta y tomo medicación todas las mañanas. Estuve hospitalizada por esto. Me incapacitaron tres días. ¿Qué está pasando, qué la generó y cómo puedo revertirla?”.

Cuando le pregunté a su Yo Superior, durante la parte de la sesión bajo hipnosis, este respondió:

“Ella vive estresada constantemente. Siente que lo que hace está mal, tanto para ella como para los demás. Por eso busca alcanzar niveles de perfeccionismo que inclusive la superan. Se exige un 300 %; quiere relucirse.

No decimos que tener un sentido de responsabilidad esté mal. Lo que nos preguntamos es si llevarlo hasta esos niveles es lo correcto. Cuando ella le pide al cuerpo que le dé el 300 %, él se lo da, claro que sí. Pero no es sostenible por mucho tiempo. Ella lleva años bajo este ritmo.

La presión y el estrés que siente por desear ser vista como la mejor en su trabajo, en su círculo de amigos, ese esfuerzo adicional que está haciendo constantemente, son el origen de la hipertensión. Ahora hay desgaste en su cuerpo y consecuencias.

Al comienzo, la hipertensión fue el llamado que le hicimos para que se diera cuenta de que tenía que cambiar su ritmo. Sus médicos se lo dijeron. ¿Escuchó? No. No nos quiso escuchar. Siguió con ese ritmo.

Ahora, con los nuevos síntomas, le hacemos un llamado más directo para que vea que puede beneficiarse y recuperarse al entender que su cuerpo tiene límites y que su bienestar depende de respetarlos.

No, no es cierto que vaya a fracasar en su carrera si no acepta responsabilidades que no le corresponden. No, no va a perder su trabajo si no hace esas horas extras. Lo que va a suceder, si deja de hacerlo, es que la van a respetar más. Se va a ganar el respeto de quien no se lo ha dado.

Este es su aprendizaje en el ahora: aprender a poner límites. Y su maestro es su trabajo.

La tarea entonces comienza con ella misma. Tiene miedo de tomar vacaciones, mientras que el resto sí lo hace. Puede comenzar a ver que parar y tomarse unos días de verdadero descanso no es falta de profesionalismo.

 

Cuando ella cambie, todo su entorno lo hará, y su hipertensión también

Lo interesante es que ella, en algún grado, está convencida de que está haciendo lo correcto. Le falta perspectiva y por eso estamos hablándole.

Es importante que se deje guiar por quien realmente es. Si hiciera esto, su tensión mejoraría mucho”.

El origen del problema de Mónica*, y de muchos de mis consultantes, radica entonces en dos partes.

La primera está en haber adoptado, sin saberlo, definiciones distorsionadas sobre las cuales se construyen modelos de vida. En este caso, una idea deformada de lo que significa ser un buen trabajador.

Para muchos, ser un buen trabajador consiste en aceptar casi a ciegas todas las tareas y responsabilidades que jefes, colegas o “el sistema” les asignen, por pesadas que sean y sin importar si entran en conflicto con su bienestar o con su vida privada.

¿Por qué pasa esto? Porque tenemos miedo. Miedo a perder el trabajo, a ser sancionados, a no lograr el ascenso prometido o a no recibir el aumento salarial. Eso es entendible.

Entonces nos preguntamos: ¿de dónde viene este miedo?

La respuesta no es difícil. El miedo a no poder poner pan en la mesa es algo que acompaña a la gran mayoría de adultos responsables. Pero ¿por qué ese miedo lleva a algunos a vivir vidas al 50 %, a otros al 100 % y a otros al 300 %?

El segundo punto de origen de una vida al 300 % puede encontrarse en energías de otras vidas, en una personalidad que trasciende las enseñanzas de esta existencia y que se conecta con experiencias repetidas de servicio hacia los demás.

En muchos casos, el o la consultante ha tenido vidas pasadas de trabajo y servicio extremo, siendo incluso mártir, o generando experiencias similares de abuso y de permitir ese abuso.

Por eso, esta puede ser la vida en la que el Yo Superior ha decidido que ese ciclo debe terminar.

¿Cómo?

Generando oportunidades de vivir experiencias similares a las de vidas pasadas, esas que llevan a alguien a no poner límites y a vivir al 300 %, para que la persona tenga ahora la oportunidad de renunciar.

Esto no significa, en ningún momento, renunciar necesariamente a un trabajo. Si se hace solamente desde una carta de renuncia, sin haber interiorizado el aprendizaje, no se ha hecho nada. Solo se cambia de trabajo y la experiencia o contrato del alma sigue intacto, activando un ciclo de repetición que puede volverse más intenso.

La renuncia debe ser a una forma de ser, a una forma de actuar, a una creencia negativa, a un virus mental que lleva a no saber poner límites saludables, para adoptar, a la vez, un estilo de vida más acorde con la energía propia de cada persona.

Entonces, el sistema sanguíneo, al igual que la espalda y los hombros en muchos casos, muestra cómo el cuerpo maneja las cargas, las exigencias y las presiones.

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El cuerpo duele donde el alma sufre

Los síntomas son mensajes del alma, revelando emociones, karma, energía atrapada, decisiones pendientes, límites necesarios o experiencias que la persona todavía no reconoce.

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