Café del alma: Un blog sobre las enseñanzas del Yo Superior

No son seres mitológicos

Lo que llamamos mitología podría ser solo una forma humana de nombrar aquello que existe, pero aún no comprendemos dentro de la conciencia

Cuando la mitología deja de ser mito

Estoy en sesión y el Yo Superior de mi clienta comienza a mostrarle una vida pasada. No siempre ocurre, por lo cual me alegra cuando pasa. La acompaño. Ella me describe que está rodeada de agua y muy angustiada. Está lejos de la costa, varios metros bajo el agua. No ve sus pies. Todavía no sé qué ocurre, pero la experiencia me lleva a pensar que se está ahogando en el mar o en algún lago, en otra vida. «¡Clásico!», pienso.

Muchas personas han muerto ahogadas, y esta experiencia es normal en sesiones de hipnosis cuántica. Otras han heredado memorias y energías de ahogamiento de sus familiares mediante la tradición oral, como la historia del tío, el primo o el hermanito que se ahogó cuando apenas era un niño. Otras veces se trata de información sobre ancestros, especialmente sobre quienes pudieron tener experiencias relacionadas con Lemuria y la Atlántida. Para mí, todo parece apuntar hacia una escena de ahogamiento. Le pregunto si se está ahogando, solo para confirmar rápidamente lo que me parece evidente.

—No —me responde con naturalidad, como si la respuesta fuera obvia—. Yo aquí estoy bien. No puedo ahogarme. Soy una sirena.

Entonces entiendo que he interpretado la escena al revés. Ella no está angustiada porque se encuentre en peligro. Está angustiada porque ve a un ser humano dentro del agua, cargando una escafandra pesada, y sabe que debe ayudarlo a salir de allí. Es él quien está en dificultades, no ella.

Este es uno de esos momentos en los que una sesión de QHHT® rompe, en pocos segundos, un molde completo de pensamiento. Yo veía agua, angustia y dificultad, y mi mente ya había construido una muerte humana. La consultante, en cambio, estaba viviendo algo completamente distinto: se desenvolvía con naturalidad en ese entorno y observaba al ser humano como la criatura vulnerable, limitada y fuera de lugar.

La escena no solo cambió mi interpretación de lo que estaba ocurriendo. También abrió una pregunta mucho más amplia: ¿qué sucede cuando aquello que llamamos mitología aparece en una sesión no como cuento, símbolo o fantasía, sino como una experiencia vivida por la conciencia del consultante?

¿Quién decidió que eran mitológicos?

Más adelante, durante esa misma sesión, ya en el diálogo con el Yo Superior, en la parte de preguntas y respuestas, indagué sobre la naturaleza de esa vida pasada. Le pregunté: «¿Por qué le mostraste a mi clienta una vida pasada en la que aparece un ser mitológico? ¿Por qué una vida pasada que no es real?». La respuesta del Yo Superior cuestionó directamente la premisa de mi pregunta:

—¿Y quién te ha dicho que la sirena es un ser mitológico? ¿No te parece que ustedes, los humanos, son mitológicos para otros seres?

Esta respuesta fue sencilla y poderosa, porque cambió por completo mi entendimiento.

Nosotros llamamos mitológico a aquello que no encaja en nuestra experiencia cotidiana, a las leyendas que bordean las historias de hace cientos o miles de años. Una sirena, un dragón, un gnomo, un hada o un duende pertenecen, para la mayoría, al territorio de la fantasía. Existen en cuentos, películas, pinturas y tradiciones antiguas, pero no dentro de la realidad que consideramos verificable. Sin embargo, esa clasificación parte siempre de una perspectiva humana limitada. La pregunta del Yo Superior nos mostraba algo más profundo: la palabra «mitológico» no describe necesariamente la naturaleza de un ser. Describe el límite de nuestro conocimiento sobre él.

 

Representación de consultante siendo un gnomo y dialogando con su guía espiritual

Seres que continúan apareciendo

Esta no ha sido la única ocasión en la que seres considerados mitológicos han aparecido en las sesiones. Los dragones han surgido repetidamente como seres con conciencia y un nivel espiritual muy alto, capaces de establecer vínculos, proteger, elegir y formar parte de territorios y linajes. No aparecen únicamente como animales feroces que escupen fuego. En algunas experiencias son compañeros, guardianes o miembros de comunidades cuya organización tiene sentido para quienes las habitan. Particularmente, en las sesiones individuales y colectivas que realizo con mi familia, los dragones aparecen con frecuencia y se han presentado como parte de nuestros guías y maestros.

Los gnomos, las hadas y los duendes también han aparecido de distintas maneras. Se describen a sí mismos como seres de luz, alegres, juguetones y vinculados con la naturaleza, así como guías de unos pocos humanos. Este último punto rompió otro molde. Un guía, entonces, no tenía por qué verse únicamente como un anciano de túnica blanca, un ángel alado, una figura solemne o presentarse bajo el título de «El Todo». Los guías también aparecen como seres que nuestra cultura ha reducido a personajes de cuentos para niños.

Lo humano también puede parecer imposible

La pregunta del Yo Superior sigue siendo, para mí, el centro de esta reflexión: ¿no somos también mitológicos para otros seres?

Imaginemos una conciencia que nunca ha necesitado un cuerpo físico. Para ella, la idea de vivir dentro de órganos, huesos y piel podría parecer extraordinaria. Y lo es. Imaginemos un ser que existe de manera colectiva y no distingue su identidad de la de su comunidad. La experiencia humana de sentirse separado, encerrado en una individualidad, podría resultarle incomprensible e impensable. O, sencillamente, para las sirenas, que «existen en otros planos, en otras versiones de la Tierra», los humanos forman parte de sus sueños y de las visiones que tienen sus canalizadores.

Después de años acompañando sesiones, he aprendido que una de las mayores dificultades no consiste en encontrar respuestas, sino en evitar que mis propias respuestas aparezcan demasiado pronto. En aquella sesión, yo ya había decidido que la consultante se estaba ahogando. Tenía una explicación razonable, coherente y basada en experiencias anteriores. Solo necesitaba confirmarla. Pero estaba equivocado.

Ese instante me recuerda por qué debo mantener siempre un espacio muy amplio para lo inesperado, lo desconocido y lo contraintuitivo. Los seres que llamamos mitológicos forman parte de ese descubrimiento progresivo del universo que las sesiones han ido abriendo para mí. No aparecen para decorar una historia ni para hacerla más fantástica. Aparecen porque, dentro de la experiencia del consultante, tienen algo que mostrar sobre la amplitud de la conciencia, la diversidad de la existencia y los límites de nuestra percepción.

Gnomo en sesión de hipnosis cuántica visitando una vida como un humano.

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